Mundo de ficçãoIniciar sessãoNadia halaba las ataduras de sus muñecas pero solo conseguía hacerse más daño. Si antes de intentar soltarse le dolía la piel, ahora el dolor era aún mayor. No soportaba el dolor en las nalgas, la silla era demasiado dura para su enorme trasero.
No supo cuanto tiempo había transcurrido desde la visita del desconocido, pero al parecer había regresad







