Despierto al otro día temprano, con la espalda y una mano adolorida por haber dormido en el incómodo sofá del apartamento, el hielo no parece haber ayudado demasiado con el dolor.
-Te dije que podías dormir en mi cama- reclama Ellen sentada en el sofá cuando nota mi mala cara.
-El sofá es cómodo- miento mientras me levanto para vestirme mientras la veo en la cocina haciendo algo.
-Tu desayuno está en la mesa, lo empaqué para tí- es lo último que dice cuando voy a mí habitación para arreglarme.