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Edward solo podía caminar de un lugar a otro fuera de esa habitación, su camisa había sido cambiada por una nueva prenda, había quitado la suciedad de sus muñecas y las manchas de sangre seca de sus brazos, incluso las pequeñas gotas que estaban invisibles sobre su rostro.

El pensamiento de que Katherine y su bebé estaban fuera de peligro había quitado gran peso de su espalda por ahora pero los Rusos aún seguían aquí y él no había recuperado del todo su poder en su propia zona, ni siquiera quería pensar en eso ahora, todo lo que llenaba su cabeza era que podía haber perdido a Katherine por no ser lo suficientemente fuerte y eso solo alimentaba sus demonios.

-Cuando los hombres mantienen sus pensamientos en silencio no es bueno- la madre de Katherine habia vuelto de la cafetería mientras le entregaba uno de los dos vasos de café.

Edward tomó el pequeño vaso entre sus manos sin importar la alta temperatura de este y lo bebió de un trago, como un elixir amargo, había tomado cosas más fue
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