—Aidan, sé que no es mucho, pero que tienes la mitad de una barra de chocolate que podría darte un poco de energía. No sabía que todo este tiempo la tenía conmigo, en realidad lo había olvidado —confieso cuando se me queda mirando con rareza y entonces me mira negando con la cabeza, no me la acepta.
—No, come tú, apuesto a que debes de morir de hambre, más que yo. Así que puedes comerla toda, anda. ¿Todavía te sigue doliendo el tobillo?
Pestañea con lentitud... como si no me hubiera visto camin