Cuelgo y silencio el celular disimuladamente, sin girarme. Me cruzo de brazos con el corazón latiendome a un millón por segundo, mientras me obligo a mantenerme quieta en mi lugar. Como sí nada pasara y sólo fuera una mujer que espera a que la lluvia cese para marcharse.
A través de las puertas de cristal, puedo verla, está a una distancia de cinco metros aproximadamente. Entabla conversación con cuánta persona le pasa por el frente, pero sus ojos voltean en mi dirección cada dos segundos.
Los