Damián Webster.
El celular vuelve a sonar sobre la mesita de noche, lo ignoro una vez más y me concentro en terminar el cigarro entre mis dedos. Mis ojos se pierden en la fuerte lluvia que cae a fuera manteniendo un clima gris y melancólico.
Le doy una calada más al cigarro y abro un poco la puerta corrediza de cristal que da paso a un balcón. El olor a humedad no se hace esperar y se adueña de cada rincón de la habitación blanca y fría del hotel en el que he estado en las últimas cinco horas.