La carta

Después de unos días ya podía comer más que galletas de la alacena, era un avance al menos.

Por fin sentí las fuerzas para tomar la carta e ir a la biblioteca, ansiosa por saber que tenía para decirme.

Al llegar, recorrí con el tacto los estantes, tratando de evitar ser un mar de llanto de nuevo, como lo había sido todos estos días después de que él se fue.

Me senté en una esquina y después de un rato junté el valor para abrir el sobre.

Brooks: 

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