— ¿Qué? Tienes que escucharme, no puedes firmar con ellos, me has traído para qué te aconsejará, pues he aquí mi puto consejo, no puedes trabajar con esta mujer, sé que te encantan las caras bonitas, pero eso no es suficiente — Esto es increíble, el muy idiota ahora está insultándome olímpicamente.
— Por lo menos no soy rubia — respondo llena de ira.
— Por supuesto, niñata, que tendrías que ser una chica prepotente, insultas a las mujeres — ¡Voy a matarlo!
— Lo de rubia lo he dicho por ti, im