Marcelo, observa sonriendo como Bonnie pasea por el Penthouse. Ella capta todo con sus ojos, casi sin pestañar para no perderse nada.
—¡Dios, esta cocina! —exclama al entrar al lugar—. Mi madre se volvería loca con una cocina como ésta.
—¿Le gusta cocinar? —curioso el italiano.
—Ni de broma —suelta—. Se perdería aquí dentro y la odiaría —Eso hace que Marcelo se carcajee—. La cocina y ella no son buenas amigas —explica.
—Entiendo —habla sin dejar de reír.
—Quiero ver tu habitación —le pide de re