Capítulo 41
Los ojos de Mateo estaban perdidos en los de Aye, se había olvidado de todo a su alrededor, solo existía esa joven de ojos verdes que un día era la niña que él había elegido para toda su vida. Aye, no podía seguir avanzando, de hecho, quería retroceder y salir corriendo del lugar; pero tampoco podía dejar de verlo, quería que se acercara a ella y la envolviera en sus brazos, como hacía cuando tenía miedo o ansiedad; Aye se sentía protegida entre sus brazos y deseaba volver a sentir esa sensación
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