Era demasiado tarde para reaccionar, Noelia tenía las llaves, y el panorama de esta pequeña habitación se podía contemplar nada más abrir la puerta.
Era todo un espectáculo...
Metí a Sergio bajo las sábanas y le solté una risita a Noelia.
—Joder, Marina, ¿tienes a un hombre escondido?
—¿Dónde está mi hermano? Le dije que viniera primero, ¿no lo habrás echado?
—Espera, espera, espera, ¿no son estos sus zapatos?
—Noe, dame tres minutos, sal un momento.
Salió con cara de tener muchas dudas.
Sergio