Sergio se detuvo delante de mí.
Yo seguía sin atreverme a levantar la vista.
—Marina, te toca.
Quería llorar, pero en el fondo quería darle las gracias a Noelia.
—Bien, ya es tarde, acuéstate si quieres, tú duermes en la cama.
Tomé mi pijama y me dirigí al baño.
Recordando lo que pasó la última vez, no me atrevía a hacer nada que pudiera incitarlo.
Después de desmaquillarme, me lavé la cara cinco veces con fuerza.
Tras la ducha, me puse mi pijama más grueso.
Me despeiné a propósito y me miré en