GINA
El teléfono de Blake empieza a sonar de madrugada, casi a las tres y media y de un salto estoy fuera de la cama. ¡Es Josh!
—Blake, Blake —lo llamo y lo sacudo.
Él gruñe pero no hay tiempo para eso. Llevamos días muy atentos a su embarazo, debía haber salido de cuentas la semana pasada y como no lo hizo, estos días ya ni siquiera salen de su casa preparados para correr al hospital.
Cojo su teléfono mientras lo arrastro fuera de la cama.
—¡¿Ya?!
—Sí, ya, estamos en el hospital —me responde J