Quise irme a dormir y fingir que este mundo no existe y con mucha suerte soñar con una vida perfecta. Me acosté imaginando ese lugar perfecto donde no me sintiera tan perdida y sola.
Donde pudiera ser feliz y la tranquilidad pudiera ser posible. Donde pudiera ser amada sin tener que pelear a cada paso del camino.
Pero como si el universo conspirara contra mí y no quisiera darme un descanso de este cansancio eterno de esta soledad paralizante.
Los gritos de un hombre siendo torturado resuenan en