Tuvimos que esperar un corto tiempo junto a la parada de autobuses al otro lado de la autopista.
Gracias al cielo, mi mochila se sentía liviana al no llevar sino la ropa sucia del día anterior, porque de lo contrario me hubiera cansado en cuestión de nada allí de pie, bajo el cielo que empezaba a oscurecerse.
Durante todo el trayecto de regreso a casa, me quedé profundamente dormida sobre el cómodo hombro de Jack, a pesar de haber obtenido el lado de la ventana esta vez, no tuve oportunidad de