Mundo de ficçãoIniciar sessãoNarra la historia de Alex. Una chica que ingresa a la universidad con un objetivo en mente. Un error en los papeles de admisión la obligara a hacerse pasar por chico y a compartir habitación con cuatro hombres lo que la llevara a vivir situaciones algo, pero… lo peor será que tendrá éxito y atraerá a muchas chicas, pero también a un chico. El cual sin querer lo arrastrara a su aventura y lo dejara con un gran problema mental.
Ler maisÉl al no ver respuesta de su parte, continuó.—Ella fue quien me invitó a mí, no sé cómo fue que se enteró de que tú vendrías, y quería de algún modo compensarte el daño que te causó. No sé si sea correcto lo que hice, pero la vi como un instrumento perfecto para darte celos, y ella aceptó encantada, tenía planeado tratar de ponerte celosa y averiguar así, si sientes algo por mí. —Alex estaba, en estado de aturdimiento, incapaz de articular palabra. Y cómo no estarlo si el chico que ella quería, sí quería, le estaba diciendo que sentía algo por ella.—¿No piensas darme un puñetazo o una bofetada ¿Al menos otro pellizco por lo que hice? —Alex sonrió.—¿Un beso? —le propuso.—¡Un beso! Eso no me molestaría para nada, pero si me intriga ¿por qué?—Porque ha sido la mejor idea que se te ha ocurrido. —y diciendo esto último, lo tomó por el rostro y lo acercó, tanto que pudo sentir su aliento, sin embargo no tocó sus labios, sino que los desvió hasta su frente y ahí deposito el premio.—Eso
Limpió perezosamente el rímel corrido, pero al ver que no quedaba bien, se lavó la cara completamente, sabía que ya no tenía arreglo, "Ya no importa, me da igual, todo me da igual" pensó amargamenteSuspiró profundamente, tratando de serenarse, esperó unos momentos más antes de salir del baño, y cuando lo hizo, solo fue para encontrarse con las dos personas que menos quería ver en esos momentos, y Vicenzo.—¿Lista? —le preguntó Vicenzo.—Sí, vamos. —respondió la chica ignorando a los demás presentes.—¿Tan pronto? —inquirió Robert, colocándose cerca de ella.—Robert, deja que se vaya, a lo mejor quiere pasar un rato a solas con Vicenzo.—sugirió la pelirroja, sonriendo con picardía.—Voy a avisar a Kloe y los demás. —declaró Vicenzo, queriendo cortar la repentina tensión en el ambiente.—Voy contigo. —dijo Alex no queriendo quedarse a solas con el de ojos melados y la lagartona que traía por acompañante.—¿Alex podemos hablar? —pidió él.—No.—la pelinegra comenzó a caminar detrás de Vi
—Gracias. —fue la corta respuesta, le bastó con verlo a la cara y saber que era verdad. Se sintió ruborizar, era la primera vez en su vida que le decían que se veía bien, bueno la segunda, pero le era muy difícil acostumbrarse a ello.—¿Lista?—Sí, cuando quieras.—dijo ella a la vez que hacía el bolso negro y se ponía la gabardina.—Vamos entonces.Salieron de la residencia Sánchez, caminaron por el jardín y subieron al auto azul eléctrico de Vicenzo, el aterciopelado y plateado cielo daba paso a la ligera oscuridad, que se cernía paulatinamente sobre la ciudad. Una que otra estrella, se notaba en el firmamento, brillante como una joya.—Le dije a tu madre que te traería a las doce, cenicienta.—comentó en tono de broma el chico.—Muy bien, solo espero que el auto no se convierta en calabaza. Ni tú en ratón.—dijo ella riendo.—¡Hey no nos ofendas así!—exclamó él con fingida indignación.El trayecto hacia Ikiwa le pareció más largo de lo normal, y al llegar a la que hasta hace unos mese
—Pero solo a ti se te ocurre comprar un vestido así en pleno invierno niña.—regañó la señora Sánchez al ver la prenda que su hija había comprado para asistir a la fiesta de navidad del CUT.—Madre no sé quién puede llegar a entenderte. Primero me dices que me vista como una mujer, y cuando lo hago, siempre encuentras algo malo en mi.—dijo malhumorada Alex, que estaba más que fastidiada por el hecho de que su plan de venganza económica contra su madre había fracasado.—Yo no digo que esté mal, Alex, a lo que me refiero es que es muy rabón y te dará frío, lo escogiste muy primaveral.—comentó la señora mientras observaba con ojo critico el vestido rojo oscuro de tirantes y corte sencillo.—Puedo usar una gabardina negra que vi en la tienda, digo solo para cubrirme un poco.— y era verdad, la gabardina era muy bonita, y muy cara también.—Ahora estás pensando como mujer. Ya, ya, no he dicho nada.—tranquilizó la señora al ver que su hija iba a echarle en cara su último comentario.—Me voy a
Último capítulo