Anastasia.
Tras llegar al penthouse y tomar precauciones por haberme mojado, no sé en qué momento pude conciliar el sueño. Lo cierto es que me despertó la sensación de que no estaba sola.
Abrí los ojos, asustada, sin saber qué esperar.
Me levanté, descalza, encendí las luces y caminé hacia la sala.
Contuve el grito cuando lo vi caminando hacia mí.
—No quise asustarla —dijo con voz ronca.
Leónidas.
Tenía un rostro serio, tenso, y sin embargo, hizo que todo el miedo de la impresión se esfumara par