Leónidas.
Eran muchas las razones por las cuales quería y no quería asistir a esa fiesta. Sin embargo, allí estaba… frente al espejo.
—Las mujeres esperan en la camioneta con Ezequiel —anunció Eric, entrando como perro por su casa.
Lo miré a través del espejo. Me miraba con el ceño fruncido.
—Es una fiesta de disfraces, ¿qué eres? ¿El guasón millonario? ¿Dónde está el verde en tu traje y la máscara?
Rodé los ojos. Tomé la caja a mi lado y me coloqué la máscara dorada, la misma que solía usar en