Respuestas incómodas.
Anastasia.
—¿No deberías ir a casa a descansar?
Su voz justo cuando entró a la camioneta, me tensó, por todo lo que estaba pensando.
—Estoy bien.
—Pero puedo ir por ti.
—Que no —murmuré, sintiendo incomodidad en mi brazo.
Él no discutió. Estuvo terriblemente callado todo el trayecto mientras revisaba su teléfono. De repente paramos en un lugar de comida rápida, me cuestionó qué quería. Pero incluso desayunando en el camino podía sentir el peso de mi decisión aplastándome.
Cuando llegamos a la A