La decisión.
Anastasia.
El resto del día transcurrió más tranquilo de lo que esperaba, aunque mi brazo de repente dejó de doler y comenzó a pesar.
Salí de mi oficina lo más rápido que pude, intentando no cruzarme con Leónidas. Sin embargo, cuando logré estar sola en el ascensor, me sentí tan ridícula.
¡El hombre ahora vivía conmigo!
Bufé. Había tantas cosas que solucionar.
En cuanto las puertas del ascensor se abrieron pude ver a los niños y adolescentes saliendo con sus padres de la Academia. Algunos, como