No te hice ninguna pregunta.
Anastasia.
La alarma de mi teléfono sonó en alguna parte del penthouse.
Estiré los brazos, bostecé, levanté la mirada y…
Su respiración era tranquila. Su rostro y cabello rubio estaban manchados con tonos azules, rojos y blancos. Sostenía mi cuerpo contra el suyo con una posesión casi asfixiante. Estábamos sudados, desnudos. Mi piel se erizó al sentir su dureza contra mi muslo.
Mi corazón dio un vuelco para luego palpitar con calidez, pero también con temor; porque se sentía demasiado fácil qued