—Kyrios... —jadeó, sus dedos enredándose en el cabello de él—. No pares...
Kyrios sonrió contra su piel, disfrutando de la respuesta de Beltaine. Continuó su descenso, sus labios y lengua explorando cada centímetro de su cuerpo. Sus manos se movieron con maestría, despojándola de la ropa que aún llevaba puesta, revelando la piel suave y cálida que tanto adoraba.
Beltaine se mordió el labio, tratando de contener los gemidos que amenazaban con escapar. Pero era imposible resistirse a las caricias