—Comprendo, si el oficial Bastian despierta, serán los primeros en saberlo —la enfermera respondió, su atención desviada por un pitido insistente de su comunicador. Con una mirada apresurada a los dos hombres que la interrogaban, se excusó con prisa—. Disculpen, pero me requieren en otra sala.
La revelación cayó sobre Beltaine como un manto de plomo, aplastando el aire en sus pulmones. La enfermera, con su comunicador zumbando como un enjambre de abejas impacientes, se excusó con una prisa que