Con un empujón que parecía cargar el peso del mundo, Bastian la lanzó lejos, antes de desplomarse, sus rodillas golpeando el suelo con un eco sordo que resonaba en los confines del silencio. Su cuerpo se convulsionaba, sacudido por un llanto que rasgaba el silencio, lágrimas que fluían como ríos desbordados en una tormenta de desesperación, cada gota un reflejo de un alma rota.
Beltaine, atrapada en el vórtice de la confusión, intentó recomponer su uniforme, sus dedos temblaban como hojas al vi