—¡Maldición! —exclamó Beltaine, su voz un susurro que se deslizaba por las paredes como una sombra. Se dejó caer sobre la cama, su cuerpo un peso muerto, abrumado por la preocupación que la asfixiaba. La ausencia de Kyrios era una cadena fría y pesada alrededor de su corazón—. Ese condenado lobo... sin un maldito teléfono. ¿Cómo se supone que lo encuentre en esta inmensidad?
Sus ojos, dos brasas en la oscuridad, se fijaron en la pared frente a ella, mientras su mente se perdía en un laberinto d