La esencia pura del alma, ya corrompida hasta sus últimas fibras, comenzó a desmoronarse a una velocidad vertiginosa, como si un vendaval de oscuridad se desatara en su interior. Una luz deslumbrante emergió con una intensidad arrolladora, como si el mismísimo sol se hubiera liberado de sus ataduras y se deslizara hacia el mundo mortal. El aire se cargaba de una estática mortal, creando una atmósfera electrificada que anunciaba la llegada de una tormenta inminente.
Los humanos prisioneros, atrap