Bastian se sopló a sí mismo para conseguir al menos un poco de frescura para él, hacía un calor infernal y la pelirroja podía dormir tan plácidamente, que envidia.
Se sentó frente a ella, mirándola dormir.
—Si estabas tan cansada hubieras vuelto a casa primero como te dije. Siempre terca, Belt.
La belleza de su mejor amiga era de otro mundo. Sus pestañas, largas y tupidas, el arco de cupido de sus labios, sus mejillas suaves, sus cejas delicadas, su cabello del color del sol en un atardecer co