Las tres mujeres llegaron al edificio de Bastian, la tensión palpable en el aire a medida que se escondían detrás de unos muros de concreto. Desde allí, Beltaine escudriñó la escena, su mirada aguda captando cada detalle. La luz tenue del amanecer apenas comenzaba a iluminar el horizonte, pero ya había un grupo notable de personas congregadas frente al edificio.
—Miren esto—murmuró Beltaine, señalando los coches aparcados a lo largo de la calle—. Aún es temprano, pero esos coches… parece que te