—Me refiero a esto —dijo Melissa, acariciando su cuello con una lentitud casi hipnótica, sus dedos trazando círculos invisibles sobre la piel, como si evocara recuerdos olvidados o secretos oscuros.
El Lord de los lycans, con los ojos brillando de una luz salvaje, imitó su gesto, su mano explorando la base de su propio cuello como si buscara respuestas en un pozo oscuro y profundo. ¿Cómo demonios podía esa mujer saber sobre la pieza metálica vampírica que se hundía en su carne, oculta tan profu