—Así que ya conocías a la luna suprema—.
—Si la maldita vio cosas que no debió, debí acabar con ella ese día—.
—¿Por que no lo hiciste? —. Pregunta mi luna. —Hubiera preferido eso, a tener pesadillas de lo que le hiciste a esa pobre humana y escuchar todas esas asquerosidades que me decías—. Josué la mira perplejo.
—¿Pero como? —. Pregunta uno de los hombres.
—En verdad creen que una estaca de plata envenenada clavada en mi corazón me mataría, les informo que un demonio no muere con nada, ya es