Azabach se despertó justo cuando el carruaje se detuvo y, al ver a Damien en posición de guardia, imaginó lo peor. Estaba a punto de preguntar algo, cuando en ese momento la puerta se abrió repentinamente y Marcel exclamó entusiasmado.
—¡Hemos llegado!
Consternada, ella preguntó con ingenuidad.
—¿Tan pronto?
—¿Cómo que tan pronto? ¿Acaso te dormiste y no disfrutaste del recorrido? —cuestionó el descarado hombre.
Avergonzada por su comentario, señaló fríamente.
—Lo siento, me aburrió mucho