—Querido tío, hasta aquí llegó tu ambición.
Estas palabras retumbaron en la mente de Adolf Dunesque, que al verse solo en medio del caos, apretó los puños de rabia y frustración. A pesar de estar en esta situación, alzó el rostro con orgullo y replicó:
—¡Ah! Parece que estás muy seguro de que me has derrotado.
—¿Acaso ocultas un as bajo la manga? —reviró Ashal esbozando una sonrisa desdeñosa.
Tal provocación causó que el duque estallara en carcajadas, perturbando un poco a Ashal y Gérard, qu