Marion frunció el ceño de extrañeza al escuchar que la emperatriz planeaba invocar a una deidad, que se quedó sin palabras. Adeline notó su contrariedad y respondió con sinceridad.
—Sé que jamás habías escuchado sobre eso, pero…
—Majestad —la interrumpió—, espero que no lo tome a mal, pero dudo mucho que podamos conseguir algo de un templo en ruinas.
Esta observación sacudió un poco a Adeline, que luego de voltear hacia el edificio que tenía detrás, pudo notar a qué se refería su escolta.
—¡