—¡El emperador Ashal vendrá al ducado en unos días! —anunció agitadamente Thomas al tiempo que entregaba un pequeño documento.
Cuando tuvo el papel entre sus manos, Adolf frunció el ceño de disgusto, ya que esto cambiaba sus planes. «¿De cuándo acá ese tonto quiere visitarme? ¿Acaso el idiota de Julius confesó sobre la rebelión? ¡Maldita sea! No puedo perder más tiempo, tengo que movilizarme», pensó furioso, al tiempo que dirigía una mirada filosa a Damien.
En tanto, el ex militar se estremeci