—Mi hija… está… ¿muerta?
Balbuceó Julius, arrugando con incredulidad el documento que Ashal le había entregado, mientras que este lo miraba fríamente. Luego de esperar unos segundos, el emperador suspiró pesadamente y respondió.
—Es probable. Hace un momento ordené que enviaran a un grupo de soldados para encabezar el rescate del vehículo…
—¿Quién hizo eso? ¿Quién fue el malnacido que se atrevió a lastimar a mi preciosa hija? —reclamó Julius, ardiendo de rabia.
El emperador sabía que si usa