XXII.- Incomodidad.
—Frío no, mi más querido y adorado hermano, helador todo a tu alrededor se detiene y enfría para que tú ¡oh gran Señor! Lo transformes – expresó con una contundencia que no hizo temblar a su hermano, pero Andrea lo vio cambiar la expresión.
Esta vez, Delia forzó tanto la sonrisa que Andrea abrió unos ojos como platos con vergüenza ajena.
—Esa es otra mentira – señaló Vittorio con un atisbo de sonrisa rebatiendo el ataque de su hermana — Todos sabemos que soy el último en tu lista de afectos –