DOUGLAS WARD
Me desperté con suaves besos esparcidos por todo mi rostro y abrí los ojos para encontrarme con unos cálidos ojos marrones que ya me miraban fijamente. Quería despertar así todas las mañanas, por el resto de mi vida, todos los días. Sentí mi corazón martillear en mi pecho solo de pensarlo: despertar todas las mañanas con Aurora, irme a la cama con ella entre mis brazos... la idea no sonaba nada mal. Sonaba perfecta.
—Buenos días, mi amor —la saludé mientras la atraía para un beso,