Suspiró, mientras, a través de la ventana del salón, veía como la lluvia se hacía presente una vez más. Sonrió, distraído, pensando en que jamás se había alejado del todo de aquella intensa sensación de humedad. Londres era exactamente igual que Waterford. Sin embargo, eran incomparables. Waterford tenía la magia del hogar.
—Bren, ¿qué haces? —preguntó su madre, en tanto él se llevaba a los labios el vaso de brandy que acababa de servirse en el pequeño bar de su padre.
—Pienso. —Suspiró, una ve