Adam caminaba impaciente de una punta a la otra de su oficina, con el móvil pegado a la oreja. ¿Qué demonios sucedía con su hijo que no le atendía el bendito teléfono? ¿En dónde demonios se había metido?
Luego de hablar con Denise y escuchar lo que tenía para decirle, Adam había llamado a su hijo de inmediato sin obtener ni la más mínima respuesta. No obstante, no desistiría; lo llamaría cuántas veces fueran necesarias. Necesitaba que le dijera todo lo que supiera acerca de la supuesta desapari