Cuando Nancy despertó la mañana del domingo, lo hizo con el corazón en la boca. Le había costado muchísimo conciliar el sueño durante la noche, dado que su amiga parecía no querer dar señales de vida. No obstante, había llegado un momento en el que el cansancio la había vencido y se había sumergido en un sueño repleto de pesadillas.
—¿Amy? —preguntó, con la esperanza de que su amiga hubiese regresado mientras ella dormía. Sin embargo, no obtuvo ni la más mínima respuesta. Por el contrario, el s