—No me expliques nada ya tu vestimenta lo dice todo, hija—me agarra el mentón y se fija que estoy lastimada, su rostro luce con una tristeza enorme, luego su mano empieza a temblar y una lágrima recorre su mejilla—perdóname cariño, yo tengo la culpa.
Tomó su mano y las arropó con las mías y de la nada empiezo a llorar con él—no, papá nadie es culpable de esto, solo esos bandidos.
Mierda para que dije eso, ahora papá cambió su rostro de triste a enojo, pero este no es cualquier enojo es una furi