–No me gustan las sorpresas y mucho menos que vengan de ti.
–Ay ya, no es para tanto conejo más bien ve y pórtate bien o de no no te doy tu zanahoria.
–Muy bien–colocó mis ojos en blanco y me encojo de hombros luego el Palma mi hombro y sonríe.
–Vamos, la sorpresa está en mi auto.
Estamos dentro del auto me pongo muy nervioso no sé qué carajos le pasa a este idiota de tenerme en su auto.
–dime ya cuál es la sorpresa?
El saca su teléfono y hace una llamada, luego me pasa el teléfono.
–Ten, habla