7. HERIDA DE MUERTE
Mientras tanto, el señor César López, que no hacía nada, se había acostado. Después de la llamada de Sofía avisando que su padre estaba en el lecho de muerte, salió corriendo dando voces a su guardia de seguridad personal.
—Fenicio, Fenicio, despierta —lo llamaba con urgencia, él no se movía a ningún lugar sin él. —¡Rápido, rápido! ¡Tenemos que ir al aeropuerto ya!
El guardaespaldas, sobresaltado por los gritos, se montó rápidamente en el auto y salieron a toda velocidad hacia el aeropuerto.