295. INICIO DE LA PARTIDA
Sus ojos se habían posado en una creación que eclipsaba a todas las demás: un vestido de un azul profundo que parecía haber sido tejido con hilos del propio cielo nocturno. Al levantarlo, el tejido fluía entre sus dedos como agua viva, y sabía que era el elegido. Era un vestido digno no solo de una dama de la alta sociedad, sino de una reina en su coronación.
—Ayúdame, rápido. Tengo que llegar puntual, no puedo hacer esperar a sus majestades —pidió nerviosamente Lady Sabina a su dama de compa