Y mientras conversaban, se adentraron en la casa hasta llegar al despacho, donde se pusieron a organizar todas las pruebas que habían recopilado contra Lady Sabina por sus crímenes.
—Solo falta que los López acepten ser testigos —comentó Sir Alexander, revisando los documentos meticulosamente.
En el despacho de la mansión de Sir Alexander en Santa Mónica, Lord Henry exhibía una sonrisa de satisfacción. Ante él, se desplegaban las pruebas que César y Bee, con la ayuda de Airis y el Joven Lord,