278. EL TABLERO ESTÁ PUESTO
Justo cuando estaba a punto de interrumpirlos, una mano lo detuvo con urgencia. Giró para encontrarse con los ojos llorosos del mayordomo del joven Lord, un hombre que siempre se había mantenido compuesto y reservado. La súplica en su voz era inconfundible y desesperada.
—Por favor, mi Lord, deje que la señora Sofía lo ayude a querer vivir —imploró el mayordomo, la emoción quebrando su voz habitualmente firme—. Por favor, mi lord, el Joven Lord está rindiéndose y anhela que el sufrimiento ter