Fenicio, con la mirada fija en el pasillo oscuro, le hizo señas de que lo siguiera en silencio en lo que respondió con voz baja y firme:
—Debemos asegurarnos de que no es una amenaza. Puede que simplemente sea una costumbre que tiene, pero no podemos correr riesgos —hablaba mientras no dejaba de seguir a la extraña mujer. — Voy a seguirla discretamente para ver qué hace y a dónde va. Si es necesario, intervendré. Mis hombres dicen que siempre se pierde entre unos arbustos, pero como la cerca