166. CONTINUACIÓN
César se quedó por un momento observándola para luego atraparle la boca con verdadero ahínco sintiendo su propio sabor en ella, mientras le levantó un pierna se hundió en ella sin miramientos, viendo como Sofía se arqueaba girando sus ojos con la cabeza echada hacía atrás, lo cual le daba el suficiente espacio para lamer y chupar sus redondos senos y su garganta sin dejar de ensartarla con desesperación, como si buscara refugio dentro de su mujer.
—Sí, sí, amor, ah…
—¿Te gusta Sofí? —preguntó