164. UN VERDADERO AMIGO
Fenicio, sorprendido, se quedó mirando a César por un momento. Podía ver la angustia en los ojos de su amigo, y supo que debía manejar esta situación con delicadeza. César adoraba a su madre, a pesar que discutía con ella, la amaba y consideraba una mujer honesta e integra. Podía ver que esa imagen se estaba desbaratando en los ojos de su amigo. No sabía porqué decía aquello, pero de una cosa se percató y era que debía ayudar a su mejor amigo.
—¿Javier Cavendish? No, no lo sabía —dijo finalment