121. LA BELLA SOFÍA
Ellos ajenos a todo lo que Elvira hacía por mantener su tranquilidad, se habían ido acercando poco a poco. Ya no había noches en las que dormían separados cada cual en un lado de la cama. Sofía buscaba a César, se acurrucaba contra él, reposando su cabeza en su pecho.
Por su parte, él perdía el sueño solo para poder verla sonreír mientras dormía. Esa imagen le daba una paz que nunca antes había experimentado. Para Sofía, todo esto parecía sacado de un cuento de hadas, algo tan hermoso y perfe